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Cultura 2023: sobre la belleza

‘La Luna saliendo a la orilla del mar’, de Caspar David Friedrich.

El 4 de mayo de 2023, el profesor y escritor Nuccio Ordine fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Muchos amantes del arte y la cultura celebraron la elección de este italiano incansable que batallaba siempre a favor de la belleza y la educación. Poco más de un mes después, Ordine fallecía inesperadamente, dejando a las Humanidades un poquito más huérfanas.

Sin embargo, merece la pena recordarle leyendo su exitoso manifiesto, La utilidad de lo inútil, en el que defiende lo provechoso que es amar aquello que no parece dar ningún beneficio. En ese librillo cita un par de frases de la Crítica del juicio del filósofo Immanuel Kant en las que se menciona que:

“Gusto” es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llámase bello.

Recogiendo el guante que nos lanzan Kant y Ordine, aprovechamos para recordar algunos ejemplos de lo bello del arte, lo gustoso, que ha salido publicado en la virtualidad de The Conversation en el último año. Esta reflexión nos sirve también para reconocer que, aunque viene bien tener los pies en esta tierra –y qué Tierra–, también merece la pena dejar que la cultura nos dé la mano y nos lleve a volar un ratito.

Al ritmo de la música

El oído es un sentido que a veces descuidamos, pero que es tremendamente evocador. Es nuestra particular máquina del tiempo, con la que viajamos por la historia del mundo y por nuestra propia biografía. De hecho, un grupo de investigadores de Jaén decidió recrear los sonidos de su ciudad hace dos siglos. El resultado es precioso y muy sugestivo.

Dentro del sonido, la música siempre ha sido una fuente de placer para los seres humanos. Una buena forma de comprobarlo es leer este artículo sobre la maestría de Bach mientras se escucha a su coautora interpretar la “Chacona” al violín.

Si le va la marcha, este año, más que nunca, merece la pena recordar al inglés más irlandés del punk, Shane MacGowan. Las poéticas letras del cantante se fusionaban con los endiabladamente roqueros y folclóricos ritmos que su banda, The Pogues, le imprimía a sus versos.

Aunque es cierto que resulta complicado escuchar ciertas melodías y evitar que el cuerpo se mueva. Eso mismo le pasaba a nuestros antepasados a principios del siglo XX, en un ambiente que no se llamaba todavía la “movida madrileña” pero que, en su estilo, era igual de animado.

Y, claro, con todo el batiburrillo emocional que provocan las notas musicales, no es extraño que algunos maestros en otras artes hayan querido conseguir el mismo efecto con las palabras. Es decir, que hayan intentado averiguar si podemos escuchar música dentro de una novela.

La palabra escrita

Curiosamente, un grupo de expertas grecolatinas inició el año haciéndose la pregunta inversa: ¿podemos escuchar ecos de la literatura clásica en la música de hoy en día? La respuesta, por supuesto, era afirmativa. Incluso en la canción más famosa de Shakira.

Antes de acercarnos más a nuestro tiempo, merece la pena seguir un poco más en Grecia para leer a Safo como ella quería ser leída y no como todos aquellos que vinieron después la han estado leyendo. Y quien dice Safo dice también Virginia Woolf.

Hemos tenido muchos centenarios este año. Sin embargo, ninguno tan vivo como el de la uruguaya Ida Vitale, que lleva décadas plasmando en poemas su amor más puro y perenne por la naturaleza.

Y como la escritura no solo se nutre de lo que dice, sino de cómo lo dice, decidimos analizar también la pulcritud con la que se eligen y ordenan las palabras. Aquí la traductora de Annie Ernaux explicó la dificultad de trasladar el francés original al español y lo mucho que disfruta con cada nuevo reto. Y aquí averiguamos por qué, a pesar de no saber qué significan términos como noema, clémiso o hindromurias, entendemos perfectamente qué nos estaba contando Julio Cortázar en el capítulo 68 de Rayuela.

Todo lo que vemos

El año en España comenzó con grandes fastos por dos aniversarios artísticos: el de Pablo Picasso y el de Joaquín Sorolla.

Y hablamos mucho de ellos. Pero no solo. Hemos aprovechado para echar la vista atrás y descubrir la espectacularidad de las tumbas íberas, para encontrar vulvas esculpidas en iglesias románicas, para aprender a distinguir el significado que tienen los pechos en el arte (con permiso de Rigoberta Bandini) y para confirmar que el Medievo estaba lleno de luz y color. No hay más que ver la arrolladora belleza de la Sainte Chapelle parisina para darse cuenta de ello.

En medio de un exhaustivo repaso por el trabajo de numerosos pintores, alguien por fin nos explicó por qué es tan difícil pintar la tensión y la expresividad que tienen nuestras manos.

Y sí, también supimos que, aunque definamos su utilidad como inútil, eso no es del todo cierto. El arte también puede cambiar el mundo.

La magia y la realidad

Y aunque nos quedamos absortos con libros, partituras y cuadros, algunos de nuestros autores nos obligaron a contemplar el encanto irreductible del día a día.

Recordando a Marc Augé, nos fuimos de paseo por la ciudad y reivindicamos nuestro espacio íntimo en el barullo urbanístico. También demandamos, como adultos, el derecho a tener tiempo de juego.

Gracias a una serie multipremiada y exitosa, supimos que muchas veces los considerados “monstruos” serán quienes merezcan heredar los mejores tronos. Y, finalmente, pudimos observar que la belleza se esconde en el sencillo trabajo de un maestro que quería enseñarles a sus alumnos el mar.

Tal vez intentar buscar la belleza sea un objetivo demasiado etéreo. Pero explicar aquello que otros encuentran bello es, sin duda, algo en lo que merece la pena invertir el tiempo.

The Conversation