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Las ratas son más humanas de lo que parece, y les gusta estar con nosotros

Gallinago_media/Shutterstock

Las ratas tienen una desafortunada tendencia a habitar donde vive la gente. Así es como un biólogo intentó explicar el odio de la gente hacia estos roedores en un reportaje televisivo sobre ratas royendo cables eléctricos en coches aparcados en la ciudad de Malmö, al sur de Suecia.

La rata parda, Rattus norvegicus, es una de las especies mejor adaptadas a la sociedad moderna. Estos animales han seguido a los humanos por todo el mundo hasta convertirse en uno de los mamíferos más abundantes, extendiéndose desde su distribución nativa en el norte de China y Mongolia y llegando a Europa en el siglo XVI, posiblemente incluso antes. Sin embargo, las ratas negras (Rattus rattus) llegaron a Europa ya en el siglo I a. e. C..

En la actualidad, casi todas las ratas pardas salvajes son sinantrópicas, lo que significa que viven en estrecha asociación con los humanos, comiendo nuestras sobras y utilizando las estructuras humanas como refugio.

La relación entre ratas y humanos es de comensalismo, palabra derivada del término latino “commensal”, que significa “comer en la misma mesa”.

A lo largo de los siglos, han sido la sombra oscura de la humanidad. Las ratas han tenido un enorme impacto en la civilización humana, sobre todo por la propagación de enfermedades. Durante mucho tiempo se las ha asociado con la suciedad, la muerte y la destrucción.

En la Europa medieval, la gente detestaba a las ratas por su supuesta brutalidad, apetito sexual aparentemente ilimitado y fecundidad. Se han extendido con las guerras y el imperialismo europeo a territorios colonizados en América, así como en África y Australia. Prosperan en las trincheras de la guerra moderna incluso hoy en día.

Un animal social y empático

Las ratas reales están lejos de ser las criaturas despreciables que a menudo se presentan. Varios estudios han demostrado que tienen una poderosa empatía.

Estos animales pueden compartir el estado emocional de otros, lo que en psicología se denomina contagio emocional. Las investigaciones han demostrado que cuando una rata ve a otra en apuros, las estructuras neuronales que se activan en el cerebro de esa rata se parecen mucho a las que se activan en los cerebros de los humanos cuando sienten empatía por el dolor ajeno.

Un experimento demostró que las ratas liberan a otra rata de una jaula desagradable aunque no reciban recompensa por ello. Y si después se les daban golosinas de chocolate, la rata liberada solía guardar al menos un dulce para la excautiva.

Este comportamiento desinteresado se debe a la compleja vida social de las ratas en grupos familiares de varias generaciones. Forman vínculos de por vida con otras ratas y comparten habilidades aprendidas socialmente, como las técnicas de búsqueda de comida, entre generaciones. Esto significa que las ratas tienen una forma de cultura.

Un estudio de 2023 demostró incluso que las ratas pueden imaginar lugares y cosas que no tienen delante en ese momento. En experimentos se demostró que estos roedores navegan en sus pensamientos por un espacio que han explorado previamente. Al igual que en los estudios sobre la empatía, los investigadores lo demostraron comparando las regiones del cerebro de las ratas que se activaban con las que se activan cuando los humanos piensan en navegar por lugares que han visitado.

Esta capacidad de imaginar también sugiere que las ratas tienen sentido del pasado y del futuro.

Vivir y morir con las ratas

Teniendo esto en cuenta, las formas humanas de tratar a las ratas parecen crueles. El método químico más común para controlarlas son los anticoagulantes, que provocan hemorragias internas mortales una o dos semanas después de que el animal ingiera el veneno. Como las ratas son socialmente inteligentes y precavidas, prefieren probar comida desconocida y esperar a ver si les hace enfermar a ellas o a otras ratas.

Es lo que se denomina miedo al veneno. Sin embargo, con los anticoagulantes, el tiempo que transcurre entre el consumo del cebo y la muerte de la rata es tan largo que no suelen asociarlo con sus hábitos alimentarios.

La motivación humana para aprender sobre las ratas ha sido a menudo el deseo de matarlas. Los mayores expertos en el comportamiento de las ratas salvajes son sus exterminadores. Y sin embargo, los métodos actuales para controlar las poblaciones de estos roedores no son muy eficaces.

Algunas ratas han desarrollado resistencia a los venenos y son capaces de comérselos y sobrevivir. Atraparlas es notoriamente difícil, y a menudo recolonizan el territorio del que han sido eliminadas.

La urbanización global probablemente sólo va a poner a los humanos en contacto más estrecho con las ratas, y matarlas de la forma en que se hace hoy en día no es ético.

Rata asomando la cabeza por una escotilla de hierro negro/
Es hora de plantearse si hay formas menos violentas de convivir con las ratas.
TashaBubo/Shutterstock

En su lugar, deberíamos considerar otras estrategias, como las que explora el Proyecto Rata Urbana de la Universidad de Helsinki. En él, investigadores de distintas disciplinas intentan comprender mejor los conflictos entre ratas y humanos. Estudian ambas especies y sus interacciones, con la esperanza de un futuro con relaciones menos sangrientas entre humanos y ratas.

El proyecto ha detectado que los lugares de las zonas urbanas donde la gente da de comer a los pájaros suelen atraer también a las ratas, a las que se intenta erradicar con veneno o trampas.

La investigación también ha sugerido que, con un mayor conocimiento sobre las ratas y su comportamiento, la gente tiende a desarrollar una actitud más positiva hacia ellas. Por tanto, es necesario conocer mejor la conducta social de las ratas salvajes. Y los humanos deben controlar su propio comportamiento para evitar conflictos con ellas.

Un buen punto de partida sería reducir el desperdicio de alimentos y controlar qué hacemos con las sobras. Menos roedores cerca de las fuentes de alimento humano, por ejemplo, y más conocimientos sobre su comportamiento significarían un menor riesgo de propagación de enfermedades de las ratas a los humanos, así como de los humanos a las ratas.

El futuro de la humanidad está con la rata, un animal social y empático. Así que es hora de que entendamos a nuestras sombras.

The Conversation

Tobias Linné no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.