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Si la productividad duele, no es productividad: qué es y cómo evitar la productividad tóxica

Si la productividad duele, no es productividad: qué es y cómo evitar la productividad tóxica

Como tan bien definió The New York Times, vivimos en la cultura del ajetreo. Es fácil dejarse llevar por las tendencias y el Síndrome de empleado quemado o Burnout se admite como un gaje del oficio en el camino hacia el éxito. El problema: es el camino equivocado.

Cuando la búsqueda de la productividad supera ciertos límites y se convierte en obsesión, pasa a convertirse en “productividad tóxica”. Al hacerlo, todos los beneficios se vuelven en su contra llevándote hasta el agotamiento extremo. A la larga, este sobreesfuerzo se traduce en consecuencias para tu salud física y mental. Si la productividad duele, no es productividad.

La productividad tóxica. Según Natalie Christine Dattilo, profesora de psicología en la Facultad de medicina de Harvard, la búsqueda de la productividad debe limitarse a aquellos momentos en los que se necesita mantener la concentración en las tareas que tienes entre manos en horario laboral o de estudio, tiempo dedicado a realizar tareas del hogar, etc. Pero no para el tiempo de ocio, el dedicado a las relaciones personales o de descanso.

Según la experta en psicología, es productividad tóxica cuando se siente la presión de ser productivo en cada momento del día y se prioriza la lista de tareas por encima de aspectos como el bienestar personal, el descanso o la alimentación. Este comportamiento termina pasando factura a la salud física y mental, provocando episodios de ansiedad, depresión, agotamiento, insomnio y problemas de autoestima, por considerar que no se alcanzan los objetivos marcados.

Cuando todo es urgente, nada lo es. La sensación de urgencia constante y la autocrítica severa son indicadores claros de que la productividad ha cruzado la línea hacia lo tóxico. “Esta sensación de urgencia puede provocar ansiedad, ya que la parte del cerebro encargada de detectar amenazas percibe la urgencia y malinterpreta la señal como ‘peligro’, activando una respuesta de lucha o huida”, explicó la psicóloga.

Dattilo recomienda echar el freno a tiempo y ser conscientes de que la situación está descontrolada. Repetirse “tienes que ir más despacio” a modo de mantra, al tiempo que se realizan ejercicios de respiración ayuda a calmar la ansiedad y minimizar la percepción de urgencia.

La culpabilidad por no avanzar. Otro de los efectos de la productividad tóxica es sentirse culpable o avergonzado por no conseguir cumplir con la lista de tareas establecida. Eso genera frustración y puede inducir a pensamientos de culpabilidad, llevarte a pensar que no fuiste lo suficientemente diligente o carecer del talento necesario para hacerlo.

Para corregir esa sensación, la experta en psicología de Harvard recomienda anotar esos pensamientos a diario y observar si existe un doble rasero de exigencia para las tareas que tú haces a diario, y las que hacen los demás. Planificar el día con objetivos realistas y aprender a ser flexibles con la conclusión de las tareas son algunas de las claves para evitar que la búsqueda de la productividad tenga efectos negativos para tu salud.

No eres lo que produces. Dattilo señala que el tercer síntoma de una productividad tóxica es tener “una dependencia excesiva de la productividad”. Esto puede hacer que tu autoestima se resienta en aquellos días en los que no has completado toda tu lista de tareas, con pensamientos como: “hoy ha sido una basura de día” o “hoy he sido un completo inútil”.

Para evitarlo, la experta de Harvard recomienda utilizar lo que en términos psicológicos se denomina “autodiálogo distanciado”, hablándote a ti mismo como lo harías si estuvieras haciendo la tarea con un amigo o un compañero. Reconociendo tus logros y analizando qué no estás haciendo bien, pero imaginando cómo se lo dirías a alguien a quien aprecias.

Investigaciones publicadas en la revista Nature indican que, utilizar un diálogo interno distanciado permite tomar perspectiva y verte de forma más objetiva para rebajar los niveles de autoexigencia. Psicólogos de la Universidad de Michigan descubrieron que, la forma en que nos hablamos a nosotros mismos (autodiálogo) cuando experimentamos emociones desagradables o situaciones desafiantes puede incrementar la capacidad de regular las emociones.

El descanso también es productivo. El concepto de no hacer nada para ser más productivo puede resultar un oxímoron. Incluso Bill Gates, trabajador incansable durante los primeros años de Microsoft, no tuvo más remedio que ceder ante la evidencia. No dedicar el tiempo suficiente al ocio, al descanso e incluso a la inactividad, es una señal clara de que tu acercamiento a la productividad se realizar desde un enfoque nocivo.

“Puedes sentirte agitado, irritable o nervioso cuando te enfrentas a tiempo no programado y a la presión de llenarlo, en lugar de simplemente disfrutarlo”, señala la psicóloga. “Es momento de replantearse el tiempo de inactividad como una oportunidad”. Estudios sobre el descanso indican que dormir reduce los niveles de estrés, mejora la capacidad cognitiva, y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Cuidarse para ser más productivos. Pensar que hacer una parada para comer, para hacer algo de deporte o para quedar con amigos es “una pérdida de tiempo” es una red flag que debería hacer saltar todas tus alarmas. “Esto incluye descuidar el ejercicio, el sueño y el descanso, los alimentos sanos, las relaciones o el tiempo para el juego y el placer. No es raro que alguien con esta mentalidad se salte comidas o incluso posponga ir al baño o tomar un vaso de agua”, agregó.

Técnicas de productividad como la estrategia POSEC, que abordan la planificación de tareas y prioridades desde un punto de vista global, hacen especial énfasis en el equilibrio que debe existir entre el plano profesional, personal y financiero. Si dedicas todos tus esfuerzos al profesional y descuidas cualquiera de los dos restantes, el éxito del proyecto se verá comprometido.

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Imagen | Pexels (daniyal ghanavati)


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Si la productividad duele, no es productividad: qué es y cómo evitar la productividad tóxica

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Xataka

por
Rubén Andrés

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